ATECOCOLLI, PALABRAS EN MOVIMIENTO

Un pequeño refugio para habitar la palabra, el diálogo y la creación.

Un mar, un puerto.

Sueños con aguas cristalinas.

Un mar.

Un puerto.

Una mujer desconocida y yo

nos lanzamos desnudas a nadar.

La playa se intuye lejana,

voces apenas audibles llegan

a nuestros oídos en la superficie.

Flotamos boca arriba y la luz nos ciega.

La vuelta a tierra firme quema,

la arena entra hasta el alma.

El calor del día seca el agua en mis pezones

y mis labios saben a sal.

La mujer con la que nadé se ha esfumado,

las olas rompen con monotonía.

Una mano toca mi hombro.

Me giro a un lado y no veo a nadie;

me giro al otro y escucho una risa.

Estás detrás de mí.

Susurras en mi oído promesas que no entiendo,

el calor de tu aliento retumba en mi pubis.

Entonces ¿la mano que toca mi espalda es tuya?

Otra mano me acaricia los senos,

una mano serpentea mi cuerpo.

No es metáfora.

Es una serpiente

que se desliza sobre mi piel
y se enrosca hasta pegar tu cuerpo al mío.

Sigue tu voz hablando, tal vez susurrando:

– eres tú, la isla en mi cuerpo-

tus palabras gotean entre mis piernas.

Cada murmuro entra en mi ser como hierro ardiente.

Las olas se desvanecen en la humedad de mi vulva.

Te oigo sin escucharte.

Se abre la puerta.

Explotan mis aguas de fuego.

* Fotografía tomada en una playa en Panamá (septiembre de 2018)

Posted in

Deja un comentario