Migrar es una impronta, aunque la ilusión de la vida sedentaria nos ha hecho creer en fronteras que defender. Es en medio de las actuales crisis civilizatorias a lo largo del planeta, que la vorágine por la sobrevivencia incrementa exponencialmente los flujos migratorios y estos movimientos no solo trastocan la vida de las personas que se ven impelidas a desplazarse, también transforma la vida de las personas que habitan lugares fronterizos.

En noviembre de 2018, el éxodo de población proveniente de Centroamérica se televisó. Fue la primera vez que se organizaba una caravana de personas autoidentificadas como LGBTI+ con destino a Estados Unidos. Así, en medio de la expectativa mediática, un primer grupo de 80 personas disidentes sexuales arribaron a Tijuana que, a pesar de ser una ciudad de migrantes, les recibió con muestras de rechazo y discriminación.

Esta llegada y las que siguieron en días consecutivos fue un parteaguas para la vida de muchas personas en Tijuana. Frente a la necesidad de brindar apoyo en el arribo masivo de migrantes, la sociedad civil se organizó para dar respuesta inmediata en momentos críticos, mientras las autoridades tardaron casi una semana en reaccionar a la crisis humanitaria que se generó en la ciudad.

Este fue el caso para la colectiva feminista Lavanda CLIT, conformada por mujeres lesbianas y bisexuales. Sirena y Yalila, dos de sus integrantes, comparten que cuando se enteraron de la inminente llegada de caravanas migrantes, en específico una LGBTI+, empezaron a hacer base con otras organizaciones sociales porque, como menciona una de ellas, “las mujeres lesbianas estamos en todas partes, en todas las luchas sociales” (Yalila).

Así, pusieron la cuerpa, la corazona, el tiempo, la energía, su casa (literalmente) y a veces hasta la salud, para recibir a las personas que llegaron a la ciudad, unidas por el miedo y la inseguridad que les generaba el paso por un país que ocupa el 2° lugar en crímenes de odio en América Latina. Este grupo recibió ayuda de Raíces, una organización estadounidense dedicada a trabajar por los derechos humanos de la población LGBTI+, que les ofreció transporte de CDMX a Tijuana y alojamiento.

De pronto, Sire y Yali junto con otras personas, se vieron volcadas a atender las necesidades de una parte del primer grupo LGBTI+. Raíces había alquilado una casa en una zona segura, les dio las llaves y ellas se quedaron frente al reto de coordinar la cotidianidad de 40 personas. Si bien recibieron apoyo económico de diversas organizaciones, en ellas cayó la responsabilidad de gestionar el día a día de la casa para lo cual organizaron grupos de limpieza, de cocina, de seguridad, los horarios de la casa, los lugares para dormir, las normas de convivencia, las actividades diarias, la resolución de necesidades médicas, legales, de higiene y más que iban saliendo sobre la marcha.

En medio de todo esto, llegaron los conflictos. Los recursos no alcanzaban y las dinámicas al interior del grupo no eran sencillas, por lo que Yalila ofreció su casa a mujeres que observó en una situación más vulnerable. Durante 3 meses vivió con 12 mujeres y 4 niñxs mientras esperaban la obtención de asilo. De forma paralela, tejió redes de apoyo, fuera de lo institucional, y así logró sostener el proceso hasta que la última mujer que habitaba la casa logró cruzar al país vecino.

Fruto de esta enorme labor, la vida de Sire dio un vuelco y su camino se enfocó desde entonces al trabajo en pro de los derechos humanos de personas en tránsito, poniendo especial atención a la comunidad LGBTI+. Cuando Raíces retira su apoyo económico se aliaron con un comedor comunitario llamado Contraviento y Marea que alquilaba un espacio y lo adaptaron como albergue, debido a que la ciudad se encontraba sobresaturada en las infraestructuras para atender a las personas migrantes que seguían llegando. Así nació el albergue Casa Arcoiris.

Sire comenta que se enfocó en albergar a población LGBTI+ porque se había dado cuenta del trato que recibían en otros espacios, ya que en la ciudad la mayoría de los albergues son de órdenes religiosas y consideraba que tenían prácticas poco cuidadas e incluso hasta carcelarias. Su apuesta era sentar las bases de una casa comunitaria y lo han logrado, desde hace unos meses han abierto sus puertas al público como un espacio de actividades culturales.

Inicialmente el albergue fue planeado como algo temporal, pero nunca dejaron de recibir solicitudes de ingreso o de acompañamiento, por lo que el espacio se consolidó con un equipo de trabajo conformado en la actualidad por Ale, Fanny, Arturo, Mariana y Sire. Aunque en otros años han llegado a albergar hasta 45 personas, la incertidumbre generada por el gobierno de Trump ha hecho bajar el flujo migratorio. Durante la charla tenían una ocupación de 10 personas y el reto de sostener económicamente el proyecto.

Lesbianas que migran: poner en pausa la identidad

De acuerdo con los relatos que escuchó Sire en aquellos años, el juntarse para transitar por México obedeció al miedo. Considera que, para las personas en tránsito, caminar juntas en caravana fue una forma de fortaleza y de protección.

Sobre los riesgos que más enfrentan las personas migrantes de la comunidad, Sire plantea que es cuando su apariencia física rompe las nomas de la estética binaria. En el caso concreto de las mujeres lesbianas, la violencia lesboodiante se desata con dureza para mujeres que tienen una apariencia masculinazada. Lo mismo pasa con los hombres más femeninos o con las personas trans. Al final, el no ser visible es una forma que las mujeres lesbianas tienen para resguardar su integridad, aunque la violencia misógina siempre es un riesgo. Por otro lado, también el caso concreto de las madres lebianas, menciona Sire, es un gran reto porque se enfrentan a prácticas de lesboodio y discriminación como familias lesbomaternales.

En el caso de las mujeres lesbianas migrantes que por alguna u otra razón se han establecido a largo plazo en la ciudad, Yalila apunta que, de alguna forma, su identidad lésbica se pone en una especie de pausa, ya que las necesidades de supervivencia son las que priman. Yalila cree que para que pudieran vivir abiertamente su existencia lésbica tendrían que tener estabilidad económica y sus necesidades básicas resueltas para poder decir “¿qué vamos a hacer como lesbianas? ¡vamos a organizarnos!”.

A 7 años de las caravanas

En reportes oficiales sobre las caravanas de 2018 no encontré registro del trabajo de la sociedad organizada y consciente, que acuerparon y dieron respuesta inmediata a una crisis anunciada. Sin embargo, fueron fundamentales en la construcción de espacios dignos para las personas en tránsito que siguen existiendo. El panorama actual está lleno de incertidumbre sobre las posibilidades de acceso reglamentado, pero la sensación que queda es que la migración no se detendrá. Las personas seguirán intentando cruzar, arriesgando su vidas y su integridad. El control fronterizo solo potencia seguir vulnerando a las personas más vulneradas.

 24 de mayo de 2025

*Sirena es una mujer lesbiana, nacida en Jalisco y también migrante. Cuando tenía alrededor de cinco años, sus padres migraron a Estados Unidos, a los Ángeles en concreto. Allá vivió hasta la edad de trece años, cuando fue deportada junto con su familia. Volvieron a Guanajuato, a la tierra de su madre. Años más tarde, Sire viajó por vacaciones a Tijuana y allí se instaló. Lleva más de quince años viviendo en aquella ciudad que, a pesar de ser una ciudad de paso, se ha convertido en un hogar donde echar raíces. Se presenta a sí misma como organizadora comunitaria, su experiencia se ha forjado en el trabajo de campo directo desde hace más de 7 años. Al hablar se le nota la seguridad, pero sobre todo un gran compromiso con su labor. Entrevista realizada el 8 de mayo de 2025.

*Yalila se define a sí misma como una lesbiana machorra, prieta, gorda, viviendo en la frontera entre Tijuana y San Diego, en constante cruce. Trabaja desde hace 15 años en Estados Unidos, en un trabajo obrero, de minimun wage. Vivir en esa dinámica de la frontera es una herencia de generaciones atrás. Su familia también es migrante, llegaron a Tijuana y sacaron papeles para cruzar a E.U porque antes era muy fácil, cuando todo eran rancherías y la frontera se dividía con alambres de púas. Yalila nació con un muro incrustado en el mar. Ese ir y venir fronterizo también lo expresa en las palabras y actualmente tiene un podcast llamado Border Lencha , en el que hace un trabajo de memoria viva y archiva lésbica con el que deja constancia de la existencia lencha en Tijuana. Entrevista realizada el 5 de mayo de 2025.

* Conecté con Yalila y después con Sirena por esas redes y amores que se tejen-destejen entre lesbianas, por esas complicidades que nos permiten sabernos acompañadas, ya que, como un gran micelio, estamos en todos lados, aunque no nos quieran ver.

* Casa Arcoiris es un proyecto que está recibiendo postulaciones de voluntariado. Si quieres saber más del proyecto y apoyar, vísita sus redes:

Referencias:

  • United Nations Department of Economic and Social Affairs, Population Division (2024). International Migrant Stock 2024.
  • Organización Internacional para la Migración (OIM). Informe sobre las migraciones en el mundo 2024.
  • La caravana de migrantes centroamericanos en Tijuana 2018. Diagnóstico y propuestas de acción. COLEF

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